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Historia
Es rica y variada la historia contemporánea del Karate–Do; en nuestros días es fácil seguirla y comprobarla relativamente en su forma verdadera.

Como parte de la historia del hombre, las Artes Marciales no son ajenas a él mismo y por ende a su vasta y desarrollada cultura. Esta historia nos llega con la propia evolución y costumbres de los pueblos, con crónicas escritas, como así también de boca en boca conjuntamente con los problemas existenciales de las típicas culturas e idiosincrasia de los mismos.

Si convive más de una misma historia, lo importante sería destacar que apuntan a un solo lado y este es el lado que ilumina a la humanidad.

En la villa de Komemura, que era el lugar donde residían los inmigrantes chinos en Okinawa, se empezó a conocer el Tote o Tode (arte propio de combate que más tarde fué conocido como Karate chino) influenciando en gran medida a la creación de las artes marciales originarias de Okinawa; y es entre los años 1830 y 1890 donde resplandece el Okinawa–Te, principalmente con Matsumura, desprendiendo otras ramas de artes marciales no populares en ese periodo cronológico y de práctica guardada a cierta casta.

En estos años, los denominados “maestros” de Okinawa, viajaban frecuentemente a China y a diferentes regiones para perfeccionarse en las artes de combate.

Son tres las ramas directas, Naha–Te, Tomari–Te Y Shuri–Te; que corresponden a la mano de Naha, la mano de Tomari y la mano de Shuri. De las antiguas artes de Shuri–Te y de Tomari-Te originaron unos de los estilos más antiguos de Karate, el Shorin-Ryu o estilo del árbol pequeño.

Según diferentes autores y estudiosos de este arte marcial, debido a sus orígenes y formas principalmente, el estilo Shorin-Ryu es una combinación de los métodos autoctonos con el de China Shaolin Ch`uen. El ideograma Shorin es la traducción de Shaolin al japones.

El estilo Shorin-Ryu es uno de los más antiguos y puro de la isla de Okinawa, el nacimiento de esta a partir de el Okinawa-Te esta íntimamente ligada a la historia y cultura de esa región del Japón. La propia necesidad del pueblo Okinawense a defenderse de las ocupaciones y de la piratería de la zona, le dio el auge como defensa personal y más tarde con el pasar de los años el tinte de “arte” dentro de la disciplina marcial.
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